Soy científico y me juego la vida

La investigación no solo avanza enfundada en una bata blanca. Algunos científicos llevan vidas más parecidas a la de Indiana Jones: se sumergen en aguas abisales, muestrean en ambientes donde el menor despiste puede ser una trampa mortal, manipulan animales con venenos letales para los que no hay antídoto… Son conscientes del riesgo que implica su oficio y disfrutan de él.

<p>Alvin es un sumergible tripulado para la investigación oceánica profunda, de la Marina de los Estados Unidos. En la imagen, un miembro de la tripulación se lanza al agua después de asegurar el submarino a su buque de soporte. Imagen: Lance Wills© Woods Hole Oceanographic Institution</p>

Alvin es un sumergible tripulado para la investigación oceánica profunda, de la Marina de los Estados Unidos. En la imagen, un miembro de la tripulación se lanza al agua después de asegurar el submarino a su buque de soporte. Imagen: Lance Wills© Woods Hole Oceanographic Institution

Publicado en Agencia SINC

Le confirmaron que iba a descender a las fosas abisales del Pacífico en el submarino Alvin y esa noche los nervios no le dejaron pegar ojo. No comió, no bebió ni café ni té y apenas agua. “Iba a estar a 2.500 metros de profundidad, en uno de los puntos con más actividad volcánica del mundo, y me preocupaba qué pasaría si tenía ganas de ir al lavabo”, bromea Isabel Ferrera, en ese momento investigadora en la Universidad estatal de Portland (EE UU).

Con la misma naturalidad, cazadores de venenos, predictores de aludes y exploradores antárticos afrontan su día a día. Alejados del laboratorio estos científicos coinciden en no querer otra ocupación en el mundo y, aunque son conscientes del riesgo que a veces implica su trabajo, disfrutan como locos de él.

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La ciencia necesita a tus hijos

Los niños no son adultos bajitos. Por eso, las terapias para ellos no pueden ser una simple adaptación de las nuestras. Los menores son imprescindibles en investigaciones sobre su salud: ensayos clínicos, estudios de vacunas, análisis epidemiológicos y trabajos sobre su desarrollo cognitivo requieren a la población pediátrica. Incluso hay equipos científicos que cuentan con la opinión de los pequeños en el diseño de los experimentos.

<p>En el BabyLab del Instituto Goldsmiths de la Universidad de Londres se llevan a cabo estudios sobre el desarrollo cognitivo de los bebés y su percepción de los estímulos. Para ello reclutan a voluntarios que han probado, por ejemplo, que los recién nacidos <a href="https://www.sciencedaily.com/releases/2015/10/151019130750.htm" target="_blank">no sienten las cosquillas como los adultos</a>. / Imagen: Goldsmiths</p>

En el BabyLab del Instituto Goldsmiths de la Universidad de Londres se llevan a cabo estudios sobre el desarrollo cognitivo de los bebés y su percepción de los estímulos. Para ello reclutan a voluntarios que han probado, por ejemplo, que los recién nacidos no sienten las cosquillas como los adultos. / Imagen: Goldsmiths

Publicado en AGENCIA SINC

“A los adultos nos gusta que cuando estamos enfermos nos curen y nos traten con un fármaco eficiente y seguro. Los niños se merecen, como mínimo, lo mismo. Al fin y al cabo tienen toda la vida por delante”. Así piensa Joana Claverol, coordinadora de la Unidad de Ensayos Clínicos de la Fundació Sant Joan de Déu (Barcelona), quien reivindica que toda la innovación terapéutica que existe en adultos debe darse también a nivel pediátrico.

Históricamente se ha excluido a los niños del mundo de la investigación clínica con la intención de protegerlos, pero a principios de siglo la Unión Europea (UE) se echó las manos a la cabeza: más de la mitad de los fármacos que se daban en pediatría estaban fuera de indicación. No se había probado su eficacia ni seguridad en este rango de población.

“El problema es que un niño no es un adulto pequeño –especifica Claverol–. El riñón de un bebé de dos meses funciona de manera diferente que el de un chiquillo de seis años, que también es distinto del de un adolescente”.

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La colaboradora de Sinc Marta Palomo galardonada en el Premio de Periodismo de Medicina Personalizada

El jurado del II Premio de Periodismo Instituto Roche en Medicina Personalizada ha otorgado a Marta Palomo un accésit por el reportaje Excrementos que salvan vidas, publicado en Sinc. El galardón reconoce la importancia científica y biomédica del trasplante fecal para mejorar la microbiota intestinal “que la autora ha relatado magníficamente, de forma amena e interesante a pesar de ser un tema tan complejo”.

El jurado del II Premio de Periodismo Instituto Roche en Medicina Personalizada ha dado a conocer el resultado del fallo de este galardón, que tiene como objetivo promover y reconocer la labor de los periodistas y los medios de comunicación en la divulgación y acercamiento a la opinión pública de la medicina personalizada.

El jurado, dirigido por el periodista Manuel Campo Vidal, ha acordado otorgar a Marta Palomo un accésit en la categoría de Prensa Escrita y Online gracias a su artículo Excrementos que salvan vidas, un reportaje publicado en Sinc. La elección del jurado se ha basado en la importancia científica y biomédica del trasplante fecal para mejorar la microbiota intestinal que la autora ha relatado magníficamente, de forma amena e interesante a pesar de ser un tema tan complejo.

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El velero que surcó cinco océanos en busca de los tesoros del plancton

A bordo de un velero tuneado para la ocasión, un consorcio internacional y multidisciplinar de más de cien científicos, entre ellos un equipo español, ha investigado el plancton de los océanos del planeta durante tres años. Los resultados de esta singladura, que ha recogido 35.000 muestras de 210 puntos oceánicos, describen una diversidad de genes, de organismos y de interacciones entre ellos mucho mayor de la que se tenía noción. Los resultados se publican hoy en un número especial de la revista Science.

Publicado en Agencia SINC el 21 de mayo de 2015

Distinto a cualquier otro buque oceanográfico al uso, el Tara es un velero de 36 metros de eslora que fue construido para remontar el hielo y explorar los climas australes. Romántico sí, pero también pequeño (tiene una capacidad para albergar a 15 personas), incómodo y tremendamente caluroso en el trópico. Un equipo internacional de 126 científicos, entre ellos un equipo español, lo convirtió en un laboratorio flotante y se hizo a la mar en varias campañas por los cinco océanos para recoger muestras de agua durante más de tres años.

 

TARA Ocean sampling MAP

Los resultados de esta expedición llamada Tara Oceans, que ahondan en la biodiversidad y la genética del plancton marino, ocupan hoy cinco artículos y la flamante portada de la revista Science.

“Los datos de este proyecto conforman un legado científico que facilitará la investigación oceánica de las siguientes generaciones”, cuenta orgullosa a Sinc Silvia Acinas, investigadora del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC), quien lidera junto con otros investigadores uno de los artículos y es una de las coordinadoras del proyecto.

La expedición Tara Oceans no es solo peculiar por circunnavegar las aguas del planeta a vela sino que se diferencia de las demás por haber obtenido muestras de todo el espectro del plancton. Desde virus hasta larvas de peces, este ecosistema marino abarca organismos cuyo tamaño difiere en cinco órdenes de magnitud.

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Sexo, el gran olvido del corazón

Publicado en El País el 6 de mayo de 2015

“Debes aprender a vivir de nuevo”, recuerda Luís. “La vuelta a la vida normal es muy difícil porque al principio te asusta todo, no te atreves ni a caminar… y con el sexo sucede lo mismo. Tienes un miedo atroz a que cualquier cosa te pueda volver a provocar un infarto”. Sucedió hace cinco años, a sus 46, mientras jugaba a tenis con un amigo. Luís sufrió un ataque de corazón del que rápidamente fue tratado en el hospital y al que sobrevivió sin secuelas importantes. Hoy en día, de todos los miedos a los que se enfrentan los supervivientes de un infarto, uno es particularmente obviado por los cardiólogos: el sexo. “Yo no hablé nunca de este tema con mi médico. Ni él ni yo lo sacamos. Ahora visto en perspectiva, creo que hablarlo me habría ayudado”, afirma.

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Su caso no es aislado. Héctor Bueno, cardiólogo del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, ha participado en un estudio con más de 3.500 infartados americanos y españoles que demuestra que el sexo es un tema tabú en las conversaciones entre médico y paciente. “Tenemos a los pacientes abandonados en este tema”, confiesa Bueno. “Les hablamos de la dieta, el ejercicio físico, las pastillas, los factores de riesgo como la tensión, el colesterol, la diabetes, el tabaco… pero ni una palabra de sexo. Y cuando sí se habla, muchas de las recomendaciones que dan los propios cardiólogos son erróneas. Y más cuando el paciente es una mujer”.

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“Los fármacos psicobióticos ya no son ciencia ficción”

No ha cumplido treinta años y ya tiene su propio laboratorio en el Instituto de Tecnología de California. Elaine Hsiao estudia cómo las bacterias del intestino interaccionan con el cerebro y qué papel desempeñan en el desarrollo del autismo.

 La joven neurobióloga Elaine Hsiao (Orange, California, 1985) ha recibido un premio de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de EE UU y está en la lista de la revista ‘Forbes’ de los menores de 30 años más brillantes. En 2013, su experimento más aplaudido consiguió mejorar la conducta autista de ratones de laboratorio alimentándolos con bacterias que viven en nuestros intestinos. Los resultados fueron espectaculares, pero ella es cauta a la hora de especular sobre su aplicación en humanos. Ha visitado Barcelona para participar en la 4ª Cumbre Mundial de microbiota intestinal para la salud.

Leer la entrevista publicada en Agencia SINC el 21 de marzo de 2015.

BuenaVida: Revista del bienestar en El País

Cosmética orgánica: si es tan natural, ¿se puede comer?

Cosmetica ilustracion_BuenaVida

“Mira ahora, mira ahora, puedes mirar, que ya me he puesto maquillaje; y si ves mi imagen te vas a alucinar y me vas a querer besar”, cantaba Mecano en uno de sus grandes éxitos (Maquillaje,1982). “Cuando besas a una persona en la boca, esta se va a comer parte de tu pintalabios; y con él, si los lleva [a veces, ocurre], rastros de metales pesados y moléculas derivadas del petróleo”, comenta Anna Dal Passo, quien regenta una distribuidora de cosmética ecológica en islas Baleares. Y no solo eso. Según Dal Passo, una mujer puede llegar a comerse hasta un kilo de su propio pintalabios a lo largo de su vida, y aunque no hay evidencia de daño a la salud, la experta recomienda fijarse muy bien en qué tipo de cosmético utilizamos. Y no alentar (quizás) tan a la ligera, como hacía Ana Torroja, a que se coman nuestro maquillaje. ¡Un momento! Resulta que uno de los productos estrella que Dal Passo comercializa es una barra de labios cuyos ingredientes provienen del mundo alimenticio (aceites esenciales y extractos vegetales). Entonces, ¿es la cosmética ecológica tan natural y sana que hasta se puede engullir? (Seguir leyendo)

¿Por qué se me pone la piel de gallina?

Cuando queremos mover un dedo, lo movemos. Si queremos ir a un sitio, nuestros pies responden y con más o menos gracia logramos alcanzar el objetivo deseado, y si de repente nos da por guiñarle un ojo a alguien, sin problemas, lo logramos (la mayoría). Pero también hay situaciones en las que el cuerpo se nos va de las manos y reacciona sin que tengamos ningún tipo de control sobre él. Estas reacciones nos pillan por sorpresa, y nos trasladan a un mundo maravilloso donde, sin embargo, todo tiene explicación. Esto es lo que dice la ciencia sobre seis reacciones comunes mas igualmente fascinantes.

(Piel de gallina, Le palpita un ojo, Vuelco en el corazón, Rugir de tripas…)

Cómo afecta el paso del tiempo a sus órganos íntimos

Master of sex

“La vagina no muerde”, avisa Virginia Johnson, pionera en la terapia sexual moderna, en uno de los capítulos de la serie americana Masters of sex. Y aunque dicha afirmación no aporta nada que no sepamos, deja claro lo poco que hombres y mujeres sí sabían entonces, en los años 50, del asunto. Y, por qué no, seguramente también refleja un gran desconocimiento en la actualidad de esta parte de la anatomía femenina.

Las madres no tienen la culpa

Publicado en Agencia SINC el 13 de febrero de 2015

Una terraza y unos vinos con los amigos. Si es una mujer embarazada la que disfruta esta combinación, es más que probable que centre las miradas a su alrededor generando estupor y murmullos de desaprobación. Al desasosiego, cambio de vida y desajuste hormonal que implica estar encinta se le suma una inquietante fascinación social sobre cómo los hábitos de salud y los sentimientos de la mujer puedan afectar al embrión.

La disciplina en la que se apoyan quienes examinan con lupa cada paso de las gestantes es la epigenética, la ciencia que explica cómo el ambiente modula la expresión de los genes y cómo estos cambios pueden pasar a la siguiente generación.

Muchos titulares de prensa sobre estudios científicos centran su atención en el impacto de la gestante sobre el feto y minimizan la importancia de muchos otros factores. / Imagen: McGraths

Muchos titulares de prensa sobre estudios científicos centran su atención en el impacto de la gestante sobre el feto y minimizan la importancia de muchos otros factores. / Imagen: McGraths

La epigenética es noticia y se ensaña con la conciencia de las futuras madres. Titulares como ‘La dieta de la madre durante el embarazo altera el ADN del bebé’ (BBC) o ‘Las embarazadas que sobrevivieron al 11S transmitieron el trauma a sus hijos’ (The Guardian) centran su atención en el impacto de la gestante sobre el feto y minimizan la importancia de muchos otros factores.

“Estas investigaciones deberían promover políticas que protegieran a padres e hijos, pero las exageraciones y simplificaciones de los resultados han convertido a las madres en cabezas de turco”, asegura a Sinc Sarah Richardson, profesora de historia de la ciencia en la Universidad de Harvard (EE UU). Con su artículo ‘No culpéis a las madres’, Richardson y otros científicos denunciaron el pasado verano en la revista Nature la presión excesiva que prensa y sociedad ejercen sobre las mujeres.

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¿Por qué se me pone la piel de gallina?

Publicado en BuenaVida (El País) el 2 de febrero de 2015

Cuando queremos mover un dedo, lo movemos. Si queremos ir a un sitio, nuestros pies responden y con más o menos gracia logramos alcanzar el objetivo deseado, y si de repente nos da por guiñarle un ojo a alguien, sin problemas, lo logramos (la mayoría). Pero también hay situaciones en las que el cuerpo se nos va de las manos y reacciona sin que tengamos ningún tipo de control sobre él. Estas reacciones nos pillan por sorpresa, y nos trasladan a un mundo maravilloso donde, sin embargo, todo tiene explicación. Esto es lo que dice la ciencia sobre seis reacciones comunes mas igualmente fascinantes.

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BuenaVida (El País): ¿Azúcar o sacarina?

Publicado en BuenaVida (El País) el 21 de enero de 2015

Seamos sinceros: las bebidas dulces nos gustan más. Ya sean frías o calientes, zumos o cafés, refrescos o infusiones. “El sabor azucarado es agradable para el paladar humano, y una manera de paliar situaciones de estrés o desánimo, por el placer que genera”, sentencia la dietista-nutricionista Nuria Guillén. Entonces, a menudo y por la mala fama del azúcar, recurrimos a versiones edulcoradas. Casi el mismo sabor y menos calorías. “El azúcar lleva cuatro calorías por gramo y los edulcorantes artificiales ninguna”, afirma Alba Andreu, dietista y nutricionista del Hospital Clínic de Barcelona. Es cierto, pero también que investigaciones recientes apuntan a que quizás, al pedir la bebida con sacarina, le está usted haciendo un flaco favor a su dieta, al microbioma (conjunto de microorganismos) de su estómago y, de paso, alimentando sus posibilidades de desarrollar obesidad y diabetes.

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