El patético destino de la hormiga zombi y otras historias de neuroparásitos

Saltamontes que saltan a charcas para ahogarse, peces que bailan con la intención de ser cazados, ratas atraídas por la orina de gato… La neuroparasitología estudia qué mecanismos utiliza un parásito para dominar los circuitos cerebrales de su víctima y transformar su comportamiento en un guion de zombis digno de George Andrew Romero. Como en la película del cineasta La noche de los muertos vivientes, puede que ni los humanos sean inmunes.

Publicado en Agencia SINC / 1 de febrero de 2014

Viven en las alturas de los bosques tropicales tailandeses y no se acercan al suelo a menos que sea estrictamente necesario y siempre en grupo. Pero para una de ellas la pesadilla ha empezado. Sale de casa a deshoras, camina sola y pierde el equilibrio como si estuviera borracha. Avanza sin destino aparente pero se acerca de manera inexorable a un lugar al que seguramente no quiere ir, un cementerio.

“Es una hormiga zombi, su cerebro está totalmente controlado por un parásito”, explica a Sinc David Hughes, investigador de la Universidad Estatal de Pensilvania (EE UU). Tras atravesar una media de 99 hojas y obedeciendo a una misteriosa señal, abre sus fauces y muerde con fuerza el nervio principal de una. Su cuerpo queda pendiendo en el vacío y la hormiga tarda unas seis horas en morir.

A partir de entonces Ophiocordyceps, el hongo que habita en su cerebro y que la necesitaba para reproducirse, fructifica y crece en forma de tallo para liberar sus esporas al medio e infectar otras hormigas. “Este es un ejemplo dramático de cómo un parásito puede modular la conducta de su huésped”, puntualiza Hughes. Aunque hace más de 200 años que se conocen parásitos con la capacidad de alterar el comportamiento de su hospedador, es ahora cuando la neuroparasitología se postula como un campo nuevo y prometedor.

“Estamos empezando a entender este tipo de parásitos desde un punto de vista fisiológico, genético y bioquímico –aclara a Sinc por teléfono Shelley Adamo, profesora de la Universidad de Dalhousie (Canadá) y todo un referente en esta especialidad–. Estos seres nos pueden enseñar mucho sobre cómo funciona el cerebro porque los mecanismos que utilizan son muy ingeniosos y distintos a los que emplea un neurocientífico”.

La neurociencia se aproxima al paciente con métodos muy específicos que implican zonas concretas: estimulaciones, ablaciones, fármacos que interfieren en la transmisión sináptica… Los parásitos, en cambio, utilizan estrategias mucho más generales. “Sus mecanismos son como una perdigonada”, ejemplifica Adamo.

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Hormiga roja europea. / Antrey-Fotolia.com

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Cómo crear vida multicelular en 60 días

La multicelularidad no es solo la unión desinteresada de células que no tienen nada mejor que hacer. Es el origen de la biodiversidad y de la complejidad de los millones de especies de la Tierra. Este salto evolutivo que tardó millones de años en suceder lo reprodujeron hace un año en un experimento de tan solo dos meses investigadores de la Universidad de Minnesota (EE UU).

Publicado en SINC el 1 de febrero de 2013

Vida multicelular de laboratorio

Un equipo de estadounidenses diseñó un sencillo experimento donde volverse multicelular fuera una ventaja adaptativa. / H. Berends (derivada)

La unión coordinada entre células distintas aportó a la vida los beneficios del aumento de tamaño y la división del trabajo. Pero, como cualquier avance, también implicó nuevos retos como la cooperación, la comunicación y la necesidad de controlar el sistema. La existencia de la vida multicelular se rige por las leyes de un ‘comunismo’ biológico donde el interés del ‘pueblo’ está claramente por encima de las necesidades individuales. Si no es así, el invento no funciona.

El origen de los animales, el cómo se pasó de una célula a trillones de ellas bien avenidas, es un misterio aún sin resolver. Pero sí se sabe que a la naturaleza le costó millones de años originar la multicelularidad, y que científicos de la Universidad de Minnesota (EE UU) lo han conseguido en 60 días. Los resultados de este estudio, liderado por el investigador William C. Ratcliff, se publicaron en enero del pasado año en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

“Estábamos mi jefe, Michael Travisano, y yo tomando café en la oficina hablando de cuál sería el experimento más guay que podríamos hacer en el laboratorio –explica a SINC Ratcliff–. Decidimos que el origen de la vida era demasiado difícil, pero que hacer evolucionar un grupo de células hasta la multicelularidad podía ser factible”. Y se pusieron manos a la obra. Sigue leyendo