Publicado en BuenaVida (El País) el 21 de enero de 2015
Seamos sinceros: las bebidas dulces nos gustan más. Ya sean frías o calientes, zumos o cafés, refrescos o infusiones. «El sabor azucarado es agradable para el paladar humano, y una manera de paliar situaciones de estrés o desánimo, por el placer que genera», sentencia la dietista-nutricionista Nuria Guillén. Entonces, a menudo y por la mala fama del azúcar, recurrimos a versiones edulcoradas. Casi el mismo sabor y menos calorías. “El azúcar lleva cuatro calorías por gramo y los edulcorantes artificiales ninguna”, afirma Alba Andreu, dietista y nutricionista del Hospital Clínic de Barcelona. Es cierto, pero también que investigaciones recientes apuntan a que quizás, al pedir la bebida con sacarina, le está usted haciendo un flaco favor a su dieta, al microbioma (conjunto de microorganismos) de su estómago y, de paso, alimentando sus posibilidades de desarrollar obesidad y diabetes.