La ciencia necesita a tus hijos

Los niños no son adultos bajitos. Por eso, las terapias para ellos no pueden ser una simple adaptación de las nuestras. Los menores son imprescindibles en investigaciones sobre su salud: ensayos clínicos, estudios de vacunas, análisis epidemiológicos y trabajos sobre su desarrollo cognitivo requieren a la población pediátrica. Incluso hay equipos científicos que cuentan con la opinión de los pequeños en el diseño de los experimentos.

<p>En el BabyLab del Instituto Goldsmiths de la Universidad de Londres se llevan a cabo estudios sobre el desarrollo cognitivo de los bebés y su percepción de los estímulos. Para ello reclutan a voluntarios que han probado, por ejemplo, que los recién nacidos <a href="https://www.sciencedaily.com/releases/2015/10/151019130750.htm" target="_blank">no sienten las cosquillas como los adultos</a>. / Imagen: Goldsmiths</p>

En el BabyLab del Instituto Goldsmiths de la Universidad de Londres se llevan a cabo estudios sobre el desarrollo cognitivo de los bebés y su percepción de los estímulos. Para ello reclutan a voluntarios que han probado, por ejemplo, que los recién nacidos no sienten las cosquillas como los adultos. / Imagen: Goldsmiths

Publicado en AGENCIA SINC

“A los adultos nos gusta que cuando estamos enfermos nos curen y nos traten con un fármaco eficiente y seguro. Los niños se merecen, como mínimo, lo mismo. Al fin y al cabo tienen toda la vida por delante”. Así piensa Joana Claverol, coordinadora de la Unidad de Ensayos Clínicos de la Fundació Sant Joan de Déu (Barcelona), quien reivindica que toda la innovación terapéutica que existe en adultos debe darse también a nivel pediátrico.

Históricamente se ha excluido a los niños del mundo de la investigación clínica con la intención de protegerlos, pero a principios de siglo la Unión Europea (UE) se echó las manos a la cabeza: más de la mitad de los fármacos que se daban en pediatría estaban fuera de indicación. No se había probado su eficacia ni seguridad en este rango de población.

“El problema es que un niño no es un adulto pequeño –especifica Claverol–. El riñón de un bebé de dos meses funciona de manera diferente que el de un chiquillo de seis años, que también es distinto del de un adolescente”.

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