Soy científico y me juego la vida

La investigación no solo avanza enfundada en una bata blanca. Algunos científicos llevan vidas más parecidas a la de Indiana Jones: se sumergen en aguas abisales, muestrean en ambientes donde el menor despiste puede ser una trampa mortal, manipulan animales con venenos letales para los que no hay antídoto… Son conscientes del riesgo que implica su oficio y disfrutan de él.

<p>Alvin es un sumergible tripulado para la investigación oceánica profunda, de la Marina de los Estados Unidos. En la imagen, un miembro de la tripulación se lanza al agua después de asegurar el submarino a su buque de soporte. Imagen: Lance Wills© Woods Hole Oceanographic Institution</p>

Alvin es un sumergible tripulado para la investigación oceánica profunda, de la Marina de los Estados Unidos. En la imagen, un miembro de la tripulación se lanza al agua después de asegurar el submarino a su buque de soporte. Imagen: Lance Wills© Woods Hole Oceanographic Institution

Publicado en Agencia SINC

Le confirmaron que iba a descender a las fosas abisales del Pacífico en el submarino Alvin y esa noche los nervios no le dejaron pegar ojo. No comió, no bebió ni café ni té y apenas agua. “Iba a estar a 2.500 metros de profundidad, en uno de los puntos con más actividad volcánica del mundo, y me preocupaba qué pasaría si tenía ganas de ir al lavabo”, bromea Isabel Ferrera, en ese momento investigadora en la Universidad estatal de Portland (EE UU).

Con la misma naturalidad, cazadores de venenos, predictores de aludes y exploradores antárticos afrontan su día a día. Alejados del laboratorio estos científicos coinciden en no querer otra ocupación en el mundo y, aunque son conscientes del riesgo que a veces implica su trabajo, disfrutan como locos de él.

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