Los Baobabs: Del asteroide B612 al continente africano

“Había, pues, semillas terribles en el planeta del principito. Eran las semillas de los baobabs “

Seguramente el aviador no se esperaba que en el planeta del principito habitaran baobabs. Quizás su sorpresa no fuera muy distinta a la del lector cuando éste se entere de que en el mercado europeo existen más de 300 productos derivados del baobab. Parece ser que la riqueza nutritiva de su fruto, con un contenido en Vitamina C seis veces mayor que una naranja, está haciendo subir la popularidad de esta especie. La comercialización de este fruto está en manos de la ONG PhytoTrade Africa que se compromete con los principios del comercio justo donde el objetivo es que el beneficio económico lo obtenga el agricultor y no el intermediario.

 “Los baobabs no son arbustos, sino árboles grandes como iglesias”

Este árbol de dimensiones gigantes puede llegar a ser más alto que un edificio de ocho pisos y a necesitar de 10 personas para rodear el perímetro de su tronco. De momento se han catalogado ocho especies distintas de baobabs: una en Australia, seis en Madagascar y una en África (Adansonia digitata). El baobab tiene un valor incalculable para las poblaciones locales africanas, especialmente las rurales. En una zona donde la población vive con menos de 1$ al día hay familias que comen sus hojas, ricas en aminoácidos y ?-carotenos, hasta tres veces al día: para desayunar, comer y cenar. Su fruto es muy apreciado porque, además de tener un gran contenido nutritivo, se le atribuyen propiedades medicinales. Es fácil encontrar en las pocas neveras de Benín zumo de baobab, muy recomendable para paliar la anemia de niños y embarazadas gracias a su alto contenido en hierro. Las semillas de baobab se pueden comer frescas o secar y tostar, siendo usadas a veces como sustito de los granos de café. Y no sólo eso, de las semillas del fruto se extrae un aceite que la industria cosmética utiliza para la elaboración de cremas y lociones. El tronco de este árbol colosal sirve como depósito de agua y no deja de sorprender que su estructura sea tan blanda que se le pueda clavar un objeto punzante como se le haría a un cactus. Debido a las múltiples aplicaciones de sus frutos y sus hojas en las zonas rurales como Benín y Malawi el baobab sufre una gran presión antrópica por lo que hoy en día no es fácil encontrar árboles con frutos. En zonas más urbanizadas como Senegal su figura ha sido relegada a reclamo turístico y tan sólo se encuentra en los grandes hoteles y resorts.

 

“Pero las semillas son invisibles. Duermen en el secreto de la tierra hasta que a una de ellas se le ocurre despertarse, entonces se estira y, tímidamente al comienzo, crece hacia el sol una encantadora briznilla inofensiva.”

Una de las labores de los investigadores del proyecto europeo DADOBAT (Domestication And Development Of Baobab And Tamarind) es la de “domesticación” de esta especie africana. El objetivo es seleccionar de manera natural aquellas variedades que tengan un crecimiento más rápido, estén mejor adaptadas a su ambiente y den un fruto más grande y nutritivo. El problema actual del baobab es que debido a la presión del hombre su población se ve cada vez más mermada. Una posible solución sería su cultivo, pero esta iniciativa europea choca de frente con la cultura local. Si un árbol germina y crece en el terreno de un agricultor, éste lo guardará y lo cuidará, pero como existe la creencia de que son árboles que acogen a espíritus nadie está dispuesto a plantar uno en su terreno. Los investigadores de DADOBAT instan a hacerlo porque según las creencias de los nativos un espíritu nunca habitará un árbol joven, así que la familia podría comer las hojas del nuevo espécimen que plantaran y así permitir que el árbol adulto diera frutos. Estos árboles tan grandes tienen un crecimiento muy irregular. Durante su primer año de vida el tronco puede alcanzar los tres metros de altura y cinco centímetros de diámetro, pero la tasa de crecimiento a lo largo de su vida no es constante y no se conoce demasiado: existe un baobab en Namibia datado en 1250 años que no ha crecido ni un centímetro durante el último medio siglo.

 “El suelo del planeta estaba infestado. Y si un baobab no se arranca a tiempo, ya no es posible desembarazarse de él. Invade todo el planeta. Lo perfora con sus raíces. Y si el planeta es demasiado pequeño y si los baobabs son demasiado numerosos, lo hacen estallar”

            La situación en el planeta Tierra es muy distinta a la del asteroide B 612. Los baobabs no sólo no ponen en peligro nuestro mundo sino que su existencia futura ha de lidiar con la presión del hombre y con los posibles estragos del cambio climático. Una parte del estudio europeo DADOMAT es la elaboración de modelos computacionales que predigan cómo el cambio en el régimen de lluvias y sequías previsto en África afectará la distribución de los baobabs. Actualmente existen dos grandes áreas de distribución: al sur (del Senegal al Sudán) y al este (del Sudán a Sur África) del desierto del Sahara.

Los modelos resultantes del estudio apuntan a que África vivirá un aumento de la sequía debido al cambio climático. Aunque el baobab esté adaptado a vivir en zonas áridas,

Distribución geográfica de la especie Adansonia digitata en el continente africano.

Distribución geográfica de la especie Adansonia digitata en el continente africano.

sus semillas necesitan humedad para germinar. Según los resultados de las investigaciones el descenso o la redistribución anual de las lluvias provocarán que las semillas situadas más al norte no germinen y que tan sólo sobrevivan aquellas que logren llegar a las zonas húmedas de más al sur. De todos modos, estas zonas menos áridas están más urbanizadas por lo que la presión humana es aún mayor: es poco probable que los nuevos tallos sobrevivan a la ganadería de vacas y cabras y a las quemas intencionadas de sabana para crear nuevas zonas de cultivo agrícola.

Ante esta situación los investigadores del proyecto DADOBAT han propuesto varias opciones para la conservación del baobab. De todo un conjunto de medidas, las que están obteniendo mejores resultados son la de cuidar los árboles ya existentes en las zonas protegidas de los parques nacionales y la de sensibilizar a la población en el uso de estrategias de conservación, pues los agricultores son los primeros interesados en mantener el baobab y su hábitat.

Este artículo nace a partir de una entrevista que Isadora Christel y una servidora hicimos a Aída Cuní, investigadora del proyecto DADOBAT:

 http://www.youtube.com/watch?v=Ja9q4HNhTTY

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